El CB Monzón despidió la temporada, en familia

19146148_660938230773529_8058727520242000843_nLa del sábado, minutos después de las cinco y media, era una tarde más propicia para un te helado que para ponerse a correr y saltar durante dos horas. Pero no importaba, era un día de cita grande, pequeños y mayores iban a echar unos partidillos seguros unos y otros de estar en el equipo adecuado.
Los muy peques sobreemocionados de verse delante de sus padres-alguno acabaría no delante sino arriba y jugando por encima del aro, como testifican las fotos-los no tan peques empezando a exhibir sus plumas y los infantiles seguros de que “esos viejales” no les iban a aguantar el pulso mucho rato. Ciertamente las mejillas de los padres tomaron pronto un color sonrosado que en apenas diez minutos viraron decididamente al rojo aunque, en los turnos de descanso, se apagaban para volver a iniciarse el ciclo cuando había que jugar otra vez. Desde luego fueron el equipo sorpresa de la tarde, aguantando el ritmo multiplicándose de pista en pista y mostrando tan buenas trazas como capacidad de disfrute.
Dicen que hoy los algoritmos deciden cosas como quién es apto para hipotecarse,….ésta vez pudimos dejarlos en el vestuario. Todos, peques y mayores, eran aptos para una tarde de deporte en familia. De hecho más de uno y de una se fueron animando y acabaron en pista en los KO,s cuando no lamentando no haber traído la ropa adecuada. En estos tiempos en los que prima la búsqueda de ese “fogonazo” que te impacta, “un twitt emocional”, y en los que más que vivir se acostumbra a ver la vida a través de una mirilla, fue una gran satisfacción contemplar que durante dos horas se participó en darle vida a un deporte a rebosar de valores. Nadie echó de menos el competir por un resultado-al principio hubo alguna que otra pregunta, hay que reconocerlo, pero los algoritmos que determinan los valores las vaporizaron-, o de confrontarse. Más bien se jugó “con” que “contra”. Hubo participación (muchas gracias a los chicos del infantil del CB Binéfar), familia, cortesía, compromiso, cooperación, empatía, respeto, igualdad, sencillez, paciencia, generosidad, amistad, paz, se perpetuó lo que va camino de ser tradición,…un buen ramillete de valores que, si hacemos caso a recientes estudios de los primatólogos, contribuyen notoriamente a la supervivencia del grupo. Lejos de llevarles la contraria habría que plantearse el incentivar la aplicación de sus enseñanzas y proponer el repetir la experiencia dos veces al año, como un ritual más para darle la bienvenida a los solsticios, creando un entorno de deporte saludable como el de la tarde del pasado sábado.


Guillermo Uguet
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